Las dos
principales causas de morbilidad y mortalidad de la década de los 90 e incluso
hoy en día son las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y el cáncer, esto
se deben en gran medida a comportamientos nutricionales inadecuados, que se han
desarrollado gracias a la cultura consumista de la sociedad.
Este artículo se
plantea como en las sociedades de consumo se ven los efectos del descontrol y
la desmedida por tener todo de manera rápida, y con el mínimo gasto de energía
que llevan al detrimento de la salud de las personas, y que crean hábitos
inadecuados en las personas que desencadenan enfermedades y que si no se
cambian nos llevan a la muerte.
Como personas
que habitan esta nube de conocimientos, esta aldea global cargada de afán y de
carreras sin fin, debemos cuestionarnos a donde nos llevan estas en relación
con nuestros hábitos alimenticios y en general nuestros hábitos saludables, si
es que algunos pocos aun los conservamos.
Existen
comportamientos saludables o factores protectores de la calidad de vida que al
asumirlos responsablemente ayudan a prevenir desajustes bilógicos, psíquicos,
sociales y espirituales y a mantener el bienestar para generar calidad de vida,
satisfacción de necesidades y desarrollo humano, entonces la pregunta a abordar
es ¿La sociedad actual es capaz de proveer a la humanidad de un ambiente que le
ayude a construir comportamientos que le ayuden a desarrollar estilos de vida
saludables? ¿Se perdió la inversión en crear una sociedad mejor y nos tiramos a
la humanidad a una carrera contrarreloj con la muerte? Quizás haya respuesta.
Muchos autores
como Mauss (1972), Boltanski (1975), Bourdieu (1986), Buñuel (1994) Heller y
Fehér (1995), Helman (2007), entre otros, han apuntado que las condiciones
sociales se inscriben en los cuerpos poniendo, así, de relieve la condición
política de dispositivos como la apariencia, el modo de presentarse ante los
demás, las marcas corporales, la alimentación, la frecuencia y carácter de la
enfermedad, etc., todos los cuales, antes que simples expresiones de una
elección individual, del gusto propio, de la casualidad y, también, antes que
una expresión del poder económico, se muestran como mecanismos de
diferenciación e incluso, de confrontación cultural, porque destaquemos que no
es solo la obesidad la que afecta en la actualidad a las personas, hoy vivimos
con la anorexia y la bulimia, y muchas mas practicas que hacen que las personas
por amoldarse a la sociedad o a un grupo particular de personas atenten contra
su propia salud y terminen en un lugar muy diferente al soñado, la muerte, el
cementerio.
Durante los años
80, el estudio del estilo de vida alcanzó un elevado protagonismo en el ámbito
de las ciencias biomédicas, debido a que, tras el informe Lalonde, se determinó
la importancia de los hábitos de vida y sus determinantes sobre la salud de las
personas, definiendo que el estilo de vida, en el ámbito de las ciencias de la
salud, podría considerarse como el “conjunto de decisiones de las personas que
afectan a su salud y sobre las cuales ellas tienen más o menos control”[1].
En este sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aportó una
definición más concreta de estilo de vida relacionado con la salud, acordando,
durante la XXXI Reunión del Comité Regional para Europa, que es "una forma
general de vida basada en la interacción entre las condiciones de vida en un
sentido amplio y los patrones individuales de conducta determinados por
factores socioculturales y características personales"[2].
Varios
escritores concuerdan es que en esta sociedad de consumismo no es tan
determinante el hecho de tener unos ingresos concretos como el hecho de que
existan diferencias acentuadas perceptibles en un mismo entorno. Dicho de otro
modo, para nuestra salud es más negativo “sentirse pobre” que “ser pobre”[3].
Ahora bien si
todos sabemos que la sociedad actual ha creado al monstruo de los malos hábitos
y a contribuido en demasía al deterioro de los estilos de vida de la humanidad,
que debemos hacer ahora, pues la solución está clara crear campañas que concienticen
a la gente que mas allá del tener y del consumir a borbotones, lo mejor es
crear hábitos que nos lleven a tener una vida saludable, no queremos que nos
pasen como las personas de la película waly, donde todas las personas gracias a
sus inadecuados estilos de vida, se convirtieron en sedentarios, y gordos,
aferrados a vivir en una silla, sin tener la posibilidad de disfrutar de un
ambiente adecuado y de convivir con los demás.
Estos habitos a
desarrollar deben ser:
·
Tener
sentido de vida, objetivos de vida y plan de acción.
·
Mantener
la autoestima, el sentido de pertenencia y la identidad.
·
Mantener
la autodecisión, la autogestión y el deseo de aprender.
·
Brindar
afecto y mantener la integración social y familiar.
·
Tener
satisfacción con la vida.
·
Promover
la convivencia, solidaridad, tolerancia y negociación.
·
Capacidad
de autocuidado.
·
Seguridad
social en salud y control de factores de riesgo como obesidad, vida sedentaria,
tabaquismo, alcoholismo, abuso de medicamentos, estrés, y algunas patologías
como hipertensión y diabetes.
·
Ocupación
de tiempo libre y disfrute del ocio.
·
Comunicación
y participación a nivel familiar y social.
·
Accesibilidad
a programas de bienestar, salud, educación, culturales, recreativos, entre
otros.
·
Seguridad
económica.
La estrategia
para desarrollar estos estilos de vida saludables es en un solo término los
compromisos individuales y sociales convencidos de que sólo así se satisfacen
necesidades fundamentales, se mejora la calidad de vida y se alcanza el
desarrollo humano en términos de la dignidad de la persona.
Aunque las
condiciones materiales propias de la vida cotidiana en la era tecnológica y
digital han minimizado la importancia de las producciones corporales, la
materialidad del cuerpo, así como las valoraciones éticas y estéticas a las que
da lugar la fisonomía, continúa siendo una de las referencias más reales y
cotidianas a partir de cuyo gobierno se configura nuestra economía afectiva,
nuestra actividad práctica y nuestra experiencia, crean estilos de vida
errados, esta perspectiva debe cambiar y formar pensamientos de que no todo es
lo que la moda y la mediatización dicte.
Según lo
anteriormente expuesto podemos concluir que el estilo de vida saludable es un
conjunto de patrones de conductas relacionados con la salud, determinado por
las elecciones que hacen las personas de las opciones disponibles acordes con
las oportunidades que les ofrece su propia vida. De esta forma, el estilo de
vida puede entenderse como una conducta relacionada con la salud de carácter
consistente (como la práctica habitual de actividad física) que está
posibilitada o limitada por la situación social de una persona y sus
condiciones de vida, incluso lo que la persona piensa de ella misma.
BIBLIOGRAFIA
- · Demakakos P, Nazroo J, Breeze E, Marmot M. Socioeconomic status and health: The role of subjective social status. Social Science & Medicine. 2008 Jul;67:330-40.
- · Hammond SR, McLeod JG, Macaskill P, English DR. Multiple sclerosis in Australia: Socioeconomic factors. Journal of Neurology Neurosurgery and Psychiatry. [Article]. 1996 Sep;61(3):311-3.
- · Revista universitaria de San Javier, Facultad de Deporte y Salud.
[1] Lalonde M. A new perspective on the health of canadians - a working
document. Ottawa: Minister of Supply and Services of Canada; 1974.
[2] Kickbusch I. LIFE-STYLES AND HEALTH. Social Science & Medicine.
1986;22(2):117-24.
[3] Gallo L, Matthews K. Do negative emotions mediate the association
between socioeconomic status and health? Annals of New York Academic of
Sciences. 1999(896):226-45.
Demakakos P, Nazroo J, Breeze E,
Marmot M. Socioeconomic status and health: The role of subjective social
status. Social Science & Medicine. 2008 Jul;67(2):330-40.
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